Change.org celebra este año sus 10 años de fundación y las cifras son realmente sorprendentes, actualmente la plataforma de recolección de firmas online cuenta con más de 30.000 nuevas peticiones cada a mes en todo el mundo, lo que la mantiene con vida en el ecosistema de las modas sociales de internet.

El primer gran triunfo de la plataforma fue en 2010, cuando una mujer sudafricana logró a través de una petición toda una campaña para la prohibición de una violación masiva de mujeres lesbianas, esto ”demostró que alguien completamente anónimo podía poner en marcha la campaña online más exitosa de la historia de su país” afirmó el fundador de change.org Ben Rattray en ese entonces.

El caso de esta startup con valores de una ONG nos revela en un principio un cambio en la forma tradicional en que se podían emitían las denuncias e inconformidades. Anteriormente en tiempos sin internet el activismo político ciudadano se promovía desde grupos de interés o partidos políticos que convocaban marchas, protestas o la recolección de firmas físicamente puerta a puerta o en ciertos lugares.

Sin embargo con la llegada de este tipo de portales de activismo online, como Get Up, Move On, Avaaz.org y Change.org, la web pudo ofrecer un espacio más formal a los internautas que deseaban expresar su apoyo a iniciativas y peticiones con denuncias sociales y políticas, permitiéndoles no solo comunicar sus afinidades activistas sino también donar y unirse a causas en todo el mundo que buscaban tener repercusiones más allá de lo digital.

Así fue como el ciberactivismo se logró articular con marchas, protestas y recolecciones de firmas que sucedían externas al mundo digital, y que encontraron apoyo en personas de otras de partes del mundo que se unían a la causa virtualmente y amplificaban el tema para darle relevancia y fuerza en otros escenarios como las redes sociales.

Las cifras de crecimiento de este tipo de plataformas que ya llevan varios años en el mercado, nos revelan que hay un interés en los ciudadanos por expresarse frente a temas sociales y políticos que los afectan, al tiempo que estas iniciativas los impulsan a desarrollar su filantropía e inconformidades a través de donaciones, permitiéndoles ser parte de un fenómeno de participación social que siendo digital busca hasta ciertos grados una repercusión real.

Sin embargo el auge de dichas páginas ciberactivistas nos reveló también el conocido activismo de sillón o ”slacktivism”, un activismo bastante pasivo, incluso considerado como un falso activismo, en el que con  firmar peticiones online se mantenía la consciencia limpia a pesar de que no se hiciera nada más que dar unos cuantos clics.

Entramos entonces en un debate sobre el alcance real que brindan éstas plataformas y cómo se ha alterado la forma de ejercer presión social para atacar diversos problemas, y allí es claro que el activismo al ingresar formalmente a la web posibilitó cambios en términos de difusión, movilización y acción, seguimos observando cómo ha mutado la participación online, la viralización de denuncias sociales y la activación desde la web con repercusiones en espacios físicos.

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Empero del otro lado de la balanza debemos tener en cuenta que algunas plataformas, entre ellas Change.org han sido fuertemente criticadas por ser ”aspiradoras de datos personales”, un aspecto no tan conocido pero que evidentemente las ayuda a mantener su permanencia en el mercado, puesto que se ha indicado que éstas compañías venden las campañas a cambio de los correos, teléfonos y datos de los firmantes, por los que llegan a cobran un aproximado entre 1.5 y 6 euros dependiendo el tipo de dato a la venta.

A Change.org, se le ha llegado a comparar con el Google o Facebook del mundo de la conciencia, ya que quienes mantienen con vida este negocio ”social” son las organizaciones benéficas que mueven más de 25 millones de dólares cada año en la plataforma.

En su defensa, las condiciones de términos de privacidad son claras sobre el tratamiento de la información, básicamente entre líneas se entiende que los datos se venden después de dar clic al firmar.

Lo que significa que nada es ilegal y que a pesar de que las personas ingresan persiguiendo causas nobles, solidifican un negocio lucrativo para la extracción de datos. Lo que actualmente nos hace repensar su verdadero fin, ¿la participación social desde la web o la venta de los datos?, hasta el momento seguirá pareciendo que ambos lo son y que sin el uno no puede subsistir el otro, y es que detrás del éxito de algunas peticiones en la realidad, también se encuentran los fracasos y el silencio de otras.

Además el contraste de los tipos de peticiones que movilizan datos y/o dinero en este portal varía en amplio rango, allí se pueden seguir viendo casos como, que le soliciten a Byonce peinar mejor el cabello de su hija.

Al tiempo que hay miles de peticiones en torno a temas sociales, algunas de ellas destacables puesto que han llevado a acciones con impactos más trascendentales que el solo hecho de donar o el movilizar en torno a una campaña; este fue uno de los casos de éxito en España, que con 300.660 firmas en la plataforma se logró la inclusión de la petición en una ley orgánica y finalmente se posibilitaron reglamentariamente precios más justos para los libros de textos en todo el país.

Es evidente que la plataforma permite todo tipo de petición y al tiempo sigue pareciendo alentador que predominen en ella 3 categorías de peticiones: justicia económica, derechos de los animales y derechos humanos.

En definitiva encontramos que su subsistencia se debe a una combinación entre la recolección de firmas de adeptos a la causa, la transacción de fondos, la publicidad online y la venta de datos de sus participativos usuarios.

Por lo que este debate en torno al tema de las startups con valores de ONG lo consideramos ya no solo una separación en la forma tradicional de hacer activismo, sino también una transición, revelada por su necesidad de adaptación para subsistir económicamente hablando sin perder completamente su sentido, en el mundo digital.

Y tú ¿eres escéptico de la recolección de fondos para peticiones sociales en internet? o ¿estás a favor de este activismo digital considerado muchas veces pasivo?.

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